
La Civilización, parece decirnos una y otra vez Catch-22, es una máquina dirigida por unos dementes que no deberían manejar ni una cortadora de pasto. Pero toda obra maestra es poliédrica y esta tampoco se deja reducir a una sola interpretación; bajo el drama de la Guerra está la voluntad lúcida de alguien que se ha dado cuenta de que el principal enemigo para la superviviencia es el propio Ejército. Mientras todos se adaptan a la locura generalizada el protagonista quiere sortear el proceso con inteligencia y maña. La tarea es titánica, zafar del laberinto y sobrevivir aguzando el ingenio... Esta idea sencilla (sé que hay muchas variables y, con astucia, puedo jugar con todas ellas y salvarme) implica una dura lección existencial que queda abierta y que no es conveniente ahondar aquí.
Detrás de esta magnífica trasposición de la novela clásica de Heller está George Clooney en todo su esplendor. Alguien que protagonizó "Tres reyes" en 1999 sobre la Guerra del Golfo o "Los hombres que miraban fijamente a las cabras" (dirigida por Grant Heslov) en 2010, sobre experimentos parapsicológicos del Ejército de los EEUU., por poner sólo dos ejemplos (hay más: "Confesiones de una mente peligrosa", "Syriana", etc). Alguien que ha demostrado a través de décadas que le importa el desmedido gasto bélico de los EEUU y la locura inherente a cualquier institución militar (sea del signo que sea) llega, aquí, a la cima de su talento como productor y director (muy bien acompañado por su socio Grant Heslov). Mención aparte para el actor principal Christopher Abbott: todo gira en torno a su sorprendente capacidad para pasar de la astucia a la desorientación más completa, del drama a la comedia más sutil. El resto del elenco no desentona, al igual que una fotografía que prueba que las series pueden ser el mejor el cine por otros medios.