Heart of a dog (Laurie Anderson, 2015)



En Cinemateca 18 pasaron una muy buena película, Heart of a dog, Corazón de un perro, de Laurie Anderson, una suerte de collage audiovisual o un poema filosófico o una película casera sobre la vida íntima de Laurie y los neoyorkinos después del 11/9. Todo eso y algo más, que sobrevuela y que se condensa muy al final, en los títulos (no se vayan hasta que termine todo) y que es mejor no contar.


Trata sobre la muerte y la vida, o sobre un largo y vital proceso de luto, o de reconciliación con la vida. Me recordó a una película de animación de Luis Eduardo Aute, Un perro llamado Dolor, no solo por el cariño y la constante de los perros, o por el señalamiento de la increíble pintura de Goya (en este caso Laurie explora aquella sobre el perro), sino por el uso de animación para dibujos en blanco y negro y la libre asociación de imágenes, en un mezcla híbrida que ha sido vinculada con Chris Marker.
Perro Semihundido o El perro, de Goya


La mente poética puede asociarlo todo: cuando habla del New York post Torres Gemelas, describe la proliferación de cámaras y el almacenamiento de datos personales que se realiza en EE. UU., y que -supuestamente- solo se usa cuando hay un crimen, para reconstruir los pasos previos del criminal. Agrega Laurie Anderson: "porque, como dijo Kierkegaard: “La vida tan sólo pude ser entendida mirando hacia atrás; aunque debe de ser vivida mirando hacia delante”.

El libro tibetano de los Muertos, el proceso de reconciliación que debemos llevar ineluctablemente con los muertos (y ellos con nosotros), lo que puede significar la compañía y la comunicación con un perro, el terror que nos inspira la muerte cuando no la pensamos, son solo algunos tímidos apuntes sobre esta película que, al igual que la mencionada de Aute, destaca por su instransferible sello personal. Laurie Anderson consigue tal clima de intimidad que en algunos momentos que uno puede llegar a creer -al menos yo lo creí- que la película está hecha solamente por ella .