Conversaciones por los aires


El sábado 14 de abril, invitado a Sábados Sarandí, programa cultural de Jaime Clara, conversamos sobre la gira en España y sobre la edición uruguaya del Conversaciones con Mario Levrero (Criatura). La charla se puede oír aquí

El 21 de mayo, en Del Sol FM, en Quién te dice, entrevista de Cecilia Bonino y Pablo Fabregat, se puede oír aquí
Está en web la entrevista del escritor mexicano Alejandro Fuentes sobre las Conversaciones, realizada en la librería Juan Rulfo, en Madrid.


Por otro lado, previo al día de Sant Jordi, en Barcelona apareció este listado

10 + 1 títulos para elegir en el Día del Libro - Sant Jordi

recomendando la edición española realizada por Editorial Contrabando. Se puede leer aquí

El diario El Observador publicó esta reseña sobre la edición de Criatura:

Mario Levrero, el último gran héroe

Durante muchos años, décadas tal vez, la figura de Mario Levrero fue la de un escritor secreto en toda la acepción de la palabra. No solo sus libros eran difíciles de conseguir, su presencia misma era un misterio para el gran público. Cuando aparecía un libro suyo en la vuelta, se pasaba de mano en mano como un tesoro. Cuando se publicaba alguna mínima entrevista en algún diario, sucedía lo mismo.

Tras la muerte vinieron las reediciones compulsivas, las traducciones urgentes para el exterior, el éxito masivo a escala nacional y en Argentina. Y también se multiplicaron los estudios académicos sobre su vida y su obra, que siempre contaron con el hándicap de la escasez de material biográfico de calidad.

Conversaciones con Mario Levrero, publicado por primera vez en 2008, vino a llenar ese vacío en su momento. Diez años después, el libro conserva el honor de ser uno de los testimonios más reveladores que existen sobre el pensamiento artístico y vital de Levrero. El material es fruto de las charlas vía email que mantuvieron Pablo Silva Olazábal y el autor de La novela luminosa, que en ese momento tenían una relación de alumno y profesor, fruto del taller literario online que dirigía Levrero.

Olazábal explica en el prólogo de esta edición ampliada que el tono coloquial de la extensa entrevista se debe a que se trata de una correspondencia personal y que Levrero era consciente de ello a tal punto que siempre le pedía que lo aclarara. Lo que demuestra, una vez más, su obsesión por mantener un estilo literario hasta el final.

Estructurado en forma de pregunta y respuesta, el libro revela un sinfín de intimidades. Los temas abarcan desde la psicología de Jung hasta los dibujos animados de Tom y Jerry, y hay que destacar que Levrero no le saca el cuerpo a ninguna pregunta por más difícil o engorrosa que le pueda parecer.
Esa sinceridad que da la intimidad de una correspondencia se percibe en el texto, que además de un estilo descontracturado, incluye un montón de comentarios lapidarios sobre varios escritores y otros artistas de distintos rubros, que Levrero deja caer sin el menor atisbo de culpa, como si nadie se fuera a enterar nunca.

Se va construyendo así un catálogo de preferencias y odios personales que resulta muy entretenido de leer para el lector. A veces, también hay que decirlo, es difícil no menear la cabeza ante alguna afirmación temeraria, como cuando expresa que la película Andrei Rublev, de Tarkovski es "abominable", mientras que Stalker, del mismo director, le parece una maravilla. O cuando sentencia que Luis Buñuel era un analfabeto con la cámara de cine.

Los aciertos, por otra parte, son mucho más abundantes. Hay páginas sobresalientes sobre la creación literaria vista en abstracto y también desde su perspectiva como autor. En ese terreno llega incluso a revelar su método de trabajo. Como escribía, cómo corregía, como cortaba o sustituía esto por aquello.
Pero sin duda la parte más importante del libro es cuando Levrero desarrolla su personalísima concepción de la vida y la espiritualidad. Allí está la esencia de su catecismo. La bandera que sostuvo izada toda su vida. Una defensa a ultranza del mundo interior y de ese otro yo que se esconde en el inconsciente. Ese no alejarse nunca de la parte opaca o difusa del alma, sino el ir hacia ella con determinación para conocerla e interrogarla, lo definió siempre.

Si a todo esto se suma que hay una parte donde comenta sus libros y los discute con Olazábal, varios párrafos interesantes sobre Juan Carlos Onetti, una página memorable sobre la similitud del chiste y el cuento, y comentarios varios sobre Alberto Olmedo y la televisión, el plato está servido.

Conversaciones con Mario Levrero es un documento valioso y disfrutable, sobre el último gran héroe de la literatura nacional.

Ficha


Conversaciones con Mario Levrero
Editorial: Criatura Editora
Autor: Pablo Silva Olazábal
Páginas: 148
Precio: $ 480


semanario BRECHA


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Tan híbridas como la literatura del propio Levrero, las Conversaciones con Mario Levrero, de Pablo Silva Olazábal, despliegan de un modo ameno y lúdico las múltiples facetas de quien en nuestro medio hizo de la escritura una ruptura total con cualquier modelo realista. La forma elegida aquí es el cruce dialogante en un inventivo uso del formato epistolar, sólo que ya no es el soporte clásico ni sus mecanismos discursivos, sino el mail lo que articula un entramado de preguntas y respuestas en el que no faltan aforismos, anécdotas, reflexiones metaliterarias, esbozos de una metafísica o de cierta perspectiva teologal sobre los procesos de la creación literaria. De todos modos, el formato del mail no escapa a las observaciones de Silva a la hora de definir el tono o la inflexión imperante de esta entrega, según lo explicita en el prólogo: “Las palabras de Mario en el presente libro surgen del contexto de una correspondencia personal; esto quiere decir que el tono usado por él no es exactamente el de sus apariciones en la prensa escrita”. Se sabe que el mail en régimen de interacción continua tiene cierta semejanza con los turnos de intervención conversacional, incluye la posibilidad de reacción inmediata y de conexión simultánea de los participantes; los mensajes suelen ser cortos y la información se centra en un tema. Desde el punto de vista lingüístico, aparecen menos marcas de cortesía, más descuidos debidos a la rapidez de la producción y un mayor número de rasgos de oralidad. El propio Levrero se da cuenta de ese viraje paradigmático: “En una época, cuando todavía no existía el mail y yo escribía cartas, había aprendido a no enviarlas nunca el mismo día en que las escribía; al otro día, cuando me despertaba, me aparecían claritos todos los pasajes que podrían ser malinterpretados o que eran directamente agresiones que se me escaparon. Ahora, con el mail, no se puede ser tan cauteloso, y a menudo salen cosas que no deberían salir, y, para peor, la frialdad del mail agiganta lo que puede sonar agresivo y da lugar a malinterpretaciones. Fijate que SI ESCRIBO TODO CON MAYÚSCULAS, PARECE QUE TE ESTUVIERA GRITANDO, CAUSA UNA HORRIBLE IMPRESIÓN”.

Pero esas mismas características son las que hacen de Conversaciones… un necesario compendio en el que Levrero, desde la cotidianidad y lo didáctico, va mostrando el proceso escriturario como una incursión en la interioridad, por la que la recurrencia a un simbolismo borroso y a la alusión metafórica, la importancia que le da al sueño y a las manifestaciones del inconsciente, la preferencia por el uso constante de la primera persona y la experimentación genérica, se subordinan a un credo estético personalísimo y de una incidencia insoslayable en la narrativa uruguaya contemporánea. Lo erótico y lo humorístico, de gran peso en su obra, se trabajan como instancias para la manifestación de lo trascendente, una trascendencia que lo hace pensar “en Antonio Machado, opinando que tal vez Dios no creó otra cosa que la Nada, como un pizarrón negro con toda su posibilidad de libertad y de angustia, y que el Diccionario Hispánico Universal de la editorial Jackson señala que la palabra ‘nada’ proviene del latín ‘res nata’, ‘cosa nacida’. Por otra parte me tienta el juego de palabras que no es tal: crear, criar, creatura, criatura. Crear es arrojar al mundo algo que antes no estaba, o también, y sobre todo, criarlo, es decir, alimentarlo, educarlo”.

Pensar la creación desde esta perspectiva tiene como principal corolario la preeminencia de las imágenes, inocultable seña de identidad de la producción de Levrero. La escritura –y la lectura– se convierte en un acto experiencial en el que, a partir de la sucesión de imágenes, se componen las secuencias narrativas, lo que nos permite entender la asociación de esta propuesta al cine. Sin embargo, no se trata del mismo tipo de uso. En primer lugar, porque en Levrero abundan todo tipo de imágenes sensoriales y no sólo las visuales; en segundo lugar, porque en su caso no es la trama la que determina las imágenes sino al revés, es a través de la imagen matriz que se construye la trama. Como lo señala él mismo en Conversaciones…, “cuando el autor sabe demasiado sobre el argumento a veces se apura a contarlo, y la literatura va quedando por el camino. La literatura propiamente dicha es imagen”. La imagen no tiene una función reproductiva, sino que se coloca como eje de un texto que busca reponer la experiencia de manera lateral, en los sentidos que dispara la experiencia misma de la lectura. De allí que, a lo largo de la entrega que Pablo Silva pone a andar nuevamente en esta segunda edición ampliada, Levrero piensa –y nos incita a pensar– en la memoria desde el presente y en encontrar las palabras y sus modulaciones para contar lo que no se puede contar.

Martín Palacio Gamboa, Brecha 22/6/18

Conversaciones con Mario Levrero, de Pablo Silva Olazábal. Criatura Editora, Montevideo, 2018. 152 págs.