Los imprecisos límites del fan

Carlota Podrida de Gustavo Espinosa

En 2009 Gustavo Espinosa “movió el avispero” literario con esta novela, Carlota Podrida (ed. Hum) que bien merece leerse, y que cuenta una historia casi increíble, porque une el ambiente desastroso de la periferia de una ciudad del interior uruguayos, cercana a la frontera con Brasil, con el glamour erótico de Charlotte Rampling. Se trata de la aclamada actriz británica de tantas películas clásicas (entre otras, Portero de Noche, de Liliana Cavani, que narraba una relación sadomasoquista entre un ex nazi interpretado por Dirk Bogarde y una prisionera de un campo de concentración).
La novela relata cómo la diva, envejecida pero aún bellísima, llega a la ciudad de Treinta y Tres en el marco de una gira internacional de la UNICEF. Ahí vive el protagonista de la historia (como también vive Gustavo Espinosa), un fiel admirador de la estrella quien abrumado por el hecho de que su viejo sueño de juventud se va a hacer realidad, decide actuar. ¿Cómo? Planificando el secuestro de Charlotte Rampling.
Para ello recluta un equipo de cómplices verdaderamente lamentable y la cosa va por los carriles previsiblemente paródicos y desastrosos.

La anécdota le sirve a Espinosa para reflexionar, entre otros tópicos, sobre las relaciones entre la virtualidad de los famosos y la realidad local del último de los barrios de un pueblo perdido en una lejana república del sur.
Un poco a la manera que lo hacía La balada de Johnny Sosa, de Mario Delgado Aparaín, el libro analiza, desde la conciencia del personaje, el fenómeno avasallante de la alienación cultural que parece campear en el siglo XXI y de la que no se salva nadie.
Plantea cómo podemos querer y admirar a una lejana estrella mediática y cómo podemos sentirla cultural y emocionalmente mucho más próxima que cualquier otra experiencia local. Y cómo, cuando con el pretexto de “liberarnos”, nos la quieren arrebatar, nos rebelamos y defendemos con pasión. Es decir, el misterio de cómo la alienación cultural puede llegar, en determinadas circunstancias, a convertirse en identidad cultural.